El regreso del Pavarotti argentino

17 AGO 2016 | 09:56 Consagrado a nivel mundial y después de cantar en las mejores salas líricas del planeta, el tenor cordobés de 54 años vuelve al país después de casi dos décadas para presentarse desde este sábado en el Teatro Colón con la ópera “Tosca”.

Por Paula Condepconde@larazon.com.ar

Rebelde y apasionado, Marcelo Álvarez nunca se dejó llevar por las malas lenguas. Cuando sus maestros de canto le decían que no iba a llegar a nada, que ya estaba grande para incursionar en el canto, a él no le importó. Su deseo era mayor: él quería cantar. De chico, había ido a la Escuela de Niños Cantores de Córdoba y a los 17 ya era profesor de música, pero se anotó en la facultad y siguió estudios de economía, algo que nada tenía que ver con él. Con veintipico de años, estudiaba, trabajaba en la fábrica de muebles de su papá y se sacaba las ganas de cantar en bares y karaokes. Fue su mujer la que le dio un empujoncito: “¿Por qué no estudiás canto lírico?”. A los 30 años, largó todo y atendió su pasión: estudiaba al mismo tiempo en Córdoba y en Buenos Aires, adonde viajaba semanalmente. “Sentí el fuego”, dirá con tonada entre cordobesa e italiana, es decir, la tonada de su lugar de nacimiento y la de su país de residencia actual. El segundo empujón llegó, ni más ni menos, que del legendario tenor italiano Giuseppe Di Stefano: a mediados de los 90, el cantante vino al país para audicionar nuevos talentos. “Usted tiene instinto, canta con el corazón, tendrá una gran carrera”, le dijo. No fue el único piropo que recibió. Otro gran tenor también pisó suelo argentino por aquella época para su concurso de voces: Luciano Pavarotti lo eligió entre 60 aspirantes. En poco tiempo, Marcelo cantó en las mejores salas líricas del mundo y se convirtió en uno de los tenores más queridos de la ópera. La última vez que cantó en el país fue en 1997 en el Teatro Colón. A los 54 años, después de casi dos décadas, vuelve al teatro de sus amores para interpretar desde este sábado el rol del pintor Mario Cavaradossi, de la ópera “Tosca”, del compositor italiano Giacomo Puccini.

-¿Qué recordás de aquel 1997?
-Fue una experiencia maravillosa. Lástima que fue un período muy corto y se perdió el contacto con el Teatro por diversas situaciones. En la reapertura del Colón, en 2010, yo tendría que haber hecho “La Bohème”, pero a último momento se cayó y me dio mucha pena, porque el mismo día que se estaba reabriendo acá yo estaba cantando la misma ópera en otra parte del mundo.

-¿Qué te produce volver al Colón?
-Estoy más excitado que si fuera a cantar en el Metropolitan o en La Scala. Porque acá voy a ver los ojos de la gente que me vio nacer. Tengo una situación sentimental más que de artista. Te crea ansias. El público de acá es como el de la Antigüedad, como el italiano, es un público de corazón, mágico, no hay un colega mío que me diga que el público argentino es frío. Si el público te está pidiendo sangre, el torero sale a torear y eso es lo que te hace el público argentino: te hace cantar con las vísceras. Es una maravilla.

-¿Cuáles son las mejores salas?
-Me gusta mucho el Metropolitan, pero como arte, como tamaño y como acústica, el Colón. Es grande y pensás ‘¿Cómo hago acá para cantar?’. Pero escuchar que tu voz vuelve, que te escuchás por la acústica, es un milagro. Es un teatro diseñado para la ópera, te envuelve, participa con vos, vive con vos.

-¿Cómo te llevás con internet y las redes sociales?
-El internet es una maravilla, pero ha hecho tanto daño. El famoso Youtube te permite ver un cantante y creer que ya lo conocés. Hoy nadie quiere admirar y admirar es la base del amor. Ahora todo el mundo te dice ‘Ah, ya lo sé’, todos sabemos todo. Porque en internet ya vimos todo. Y entonces te dicen ‘Es aburrido’. ¡No! No es aburrido. Hemos perdido el don de la admiración, de la sorpresa. Y hoy lo que quiero dar es sorpresa. Dar algo que conmueva, que no esté todo calculado. Veo que los jóvenes dicen ‘¿Para qué voy a estudiar, si todos te critican?’. No es así la vida. No hay que escuchar a esos mentirosos. Si yo hubiese creído todo lo que me decían, que yo no podía cantar, que era un perro que me tenía que volver a la fábrica de muebles, hoy no estaba acá. Pero no escuché. Quiero que los chicos empiecen a creer en lo que somos. Acá hay un semillero muy grande.

-Un espíritu rebelde.
-Sí. Sobre todo honesto. Soy una persona que dice siempre lo que piensa y me gustó siempre jugármela. Si algún teatro me quiere dejar afuera, a mí no me importa mucho, nunca tuve miedo de perder trabajos. Y con el tiempo todos los teatros han valorado mi honestidad.

-Pavarotti es tu padrino artístico y tu gran referente, ¿no?
-Qué puedo decir. Si canto es porque existió él. Pavarotti siempre fue “El Tenor”. En todo, en su forma de cantar, en lo que expresaba, en lo que deseaba de la vida. Me gustó y me sumergí en su canto y fue mi motivo y espero ser un poco así para los chicos de acá, que digan ‘Podría cantar como Marcelo’. Pavarotti en ese momento me iluminó la candelita más fuerte y no me la apagó nunca más. Me acuerdo que dijo que la mía era una de las carreras más rápidas del mundo. Igual que Di Stéfano, otro monstruo. Fueron dos grandes monstruos que me han empujado, que me han dicho ‘Andate de Argentina, porque tenés condiciones’. Y me fui y empecé a trabajar. Acá me decían ‘Nadie te va a escuchar, tenés 34 años, sos un viejo’. Llegué allá y nadie me preguntó la edad, me dijeron ‘Cante’.

-¿Qué personaje te gusta más?
-“Andrea Chénier” me gusta mucho y ya está todo avanzado para hacerlo acá el año que viene. Es un rol que amo porque habla de una época en la que Francia entraba en decadencia y este hombre dice: “Ustedes no conocen lo que es la palabra amor”. ¡Es un don divino! Y este hombre habla toda la ópera de lo que se pone en juego por lo que creemos, por lo que vale la pena. En el dolor, en la oscuridad, él prende una lucecita, un fósforo, pero es hermoso, porque con ese fósforo la oscuridad ya está desapareciendo. No importa cuán grande sea la luz, ya empieza a esconder la oscuridad. Ese es mi pensamiento y es lo que vengo a hacer: vengo a dar una pequeña luz.

El regreso del Pavarotti argentino – La Razon – 2016