Marcelo Álvarez, profeta en su tierra

Veinte años después, el tenor argentino vueve al Colón para cantar Tosca

Su nombre está siempre impreso en los afiches de las producciones que estrenan los más grandes teatros líricos. Una larga lista que viene repitiéndose año tras año, desde el momento en que, siendo apenas un joven cantante cordobés, se decidió a salir al mundo para conquistarlo con su voz. Pero en esa lista había algo que no cerraba bien, un dato que llamaba la atención: en el historial de presentaciones de Marcelo Álvarez, el tenor argentino reconocido como uno de los más grandes de la actualidad, el nombre del principal teatro de su país casi no aparecía; sólo una vez y hace mucho, con Rigoletto en 1997. Fueron veinte años en los que su gente no pudo gozar del privilegio de escucharlo. Una pausa demasiado larga que termina en estos días, cuando vuelva para interpretar a Cavaradossi en la producción de Tosca con la que el Colón le rinde homenaje a Roberto Oswald.

No hay rencor por estos años sin venir, sólo la tristeza por las oportunidades perdidas y la esperanza de que éste sea el comienzo de muchos regresos. “El mismo día de la reinauguración del Colón con La Bohème yo la estaba cantando en Italia. No podés imaginarte el dolor tan grande que sentí de no estar acá”, cuenta Álvarez en un descanso entre ensayos. “Lo que sucedió es que la dirección anterior no quería exponerse a traer grandes cantantes, pienso que creían que era mejor mantener al público un poco ignorante. Ese director no sería gran amante de la ópera, porque si uno no invita a un compatriota a cantar a su teatro, mientras está cantando en el Met, en La Scala, Londres y París, más allá de que le guste o no, es una obligación mostrar quién es ese argentino. Cuando hay desinterés se puede arruinar lo que es la expectativa del público. Apenas cambió la dirección, me contacté con [Darío] Lopérfido e inmediatamente llegamos a un acuerdo, así que tengo proyectos para este año y los próximos. Eso me tiene muy feliz. Hay que mostrarle a la gente quiénes hacen cosas afuera, es una manera de despertar los oídos”.

Si hay algo positivo en no haber escuchado al tenor argentino durante estos años, es que viene en el preciso momento de plenitud de su voz.

La clave para haber llegado a esta plenitud vocal es haber sabido esperar. “No quise caer en lo que les pasó a grandes artistas en el pasado, que por no desperdiciar la oportunidad de trabajar con grandes maestros y no enfrentarlos cuando les pedían cantar roles para los cuales todavía no estaban listos, se arruinaron las voces. Tuve la valentía de decirles no a directores como [Claudio] Abbado o [Riccardo] Muti. Mi único capital es la voz y la voy a cuidar hasta que Dios me lo permita. Mi formación estuvo con el repertorio del bel canto, pasé al francés, luego hice mi primer Verdi y después probé con el verismo, así esperé a que mi voz se desarrollara. Éste es un mensaje para los artistas jóvenes. Veo cantantes queriendo demostrar más de lo que tienen ahora, lo cual no significa que no lo tendrán más adelante; por eso es que vemos valores monstruosos que después desaparecen. Esa sabiduría la encontré en mis maestros de acá de la Argentina, quienes me prepararon muy bien. Nunca quise ser más y todavía hoy no lo pretendo, soy tremendamente autocrítico.”

El camino que recorrió para convertirse en cantante lírico es digno de un guión de película, una mezcla de suerte y destino, según afirma. “Durante un largo período abandoné mis estudios de música para ocuparme de la fábrica de muebles de mi familia y estudiar economía, pero el deseo de cantar era demasiado fuerte. Así que con el apoyo de personas que creyeron en mi empecé a formarme y desde que tomé esa decisión nunca más paré. Pero creo que la suerte tiene que ayudar al destino y allí estuvieron Di Stefano y Pavarotti, que me escucharon y me impulsaron a salir. Mis maestros me decían que siempre había que estar preparado al máximo para cuando pase el tren.”

Una Tosca con color local

Esta producción de Tosca combina circunstancias muy especiales. Marca el regreso de Álvarez al Colón, le rinde homenaje a Roberto Oswald y la dirige Aníbal Lápiz, su gran colaborador. Además, la Orquesta Estable está dirigida en todas las funciones por Carlos Vieu. “Es muy importante darle valor a esta unión de energías porque es algo que tiene que mover el sistema, una forma de despertar en nosotros argentinos acerca de lo que fuimos y podemos volver a ser, resaltar estas circunstancias es muy positivo”, afirma Álvarez.

El título de Tosca se repite en la agenda del cantante a lo largo de toda la temporada, viene de hacerla en Zurich, después seguirá París y el próximo año, Baden Baden y Berlín. “Cada rol lo he ido presentando poco a poco. No los quemo todos de golpe. Primero está la cuestión vocal, hay que esperar para madurar cada rol. Me he preocupado siempre por el fraseo y los colores, lograrlos es una cosa difícil. Entre todos los roles que he presentado siento algo especial por Andrea Chénier, por la lealtad con la que defiende sus ideales. En noviembre debuto con Manon Lescaut en el Met y para 2018 vendrá Otello. También espero hacer un Wagner más adelante, es algo que les debo a mis fieles seguidores alemanes”, dice.

Para muchos, Tosca es la única representante del verismo en la actual temporada lírica del Colón, pero es una calificación con la cual el tenor no está de acuerdo. “El rol de Cavaradossi no lo es. Si lo escuchás bien, la manera como lleva las frases no tiene un gramo de verista, el único momento es cuando canta el «Victoria». Mi idea, y por eso es que los teatros me llaman tanto para hacer verismo, es que el verismo es bel canto.”

La soprano holandesa Eva María Westbroeck será Floria y en el papel del Barón Scarpia está el español Carlos Álvarez, junto a los que el tenor compartió recientemente escenario en el Festival de Peralada en España. “Las relaciones con mis compañeros las construyo con honestidad, siempre digo lo que pienso, no puedo fingir y por eso tengo con ellos una relación maravillosa. Y luego está la química, esa que es necesaria que exista para que el espectador crea lo que sucede en el escenario.”

El tenor compara su vocación lírica con el sacerdocio. “Es una obligación del corazón: yo tengo que salir a cantar y lograr que la gente se sienta conmovida. Ésa es la forma como puedo devolverles a todos los que creyeron en mí desde mis inicios. Cuando termino de cantar una producción, me arrodillo y levanto mis brazos al cielo, así agradezco que hice otra más.”ß

Tosca

Ópera de Giacomo Puccini. Con concepción escénica de Roberto Oswald, puesta de Aníbal Lápiz y dirección musical de Carlos Vieu.

Hoy, el martes, el jueves, el 30 y el 31, a las 20; el domingo 28, a las 17. En el Teatro Colón, Libertad 621.

 

Marcelo Álvarez, profeta en su tierra – La Nacion – 2016